A veces te odio.
Te odio porque
no me gusta llegar tarde,
eres tan cabezota como yo,
siempre ganas,
no puedo tocar tu pelo,
no escuchas,
me interrumpes,
siempre me calas,
no mides.
Pero hay algo que gana
a todas estas razones:
no imaginas
cómo echo de menos
odiarte.
Crónica de un error eterno
Hace 1 día

No hay comentarios:
Publicar un comentario